jueves, 5 de junio de 2008

Sobre las relaciones humanas y su naturaleza

 

         Las creaciones de base intelectual del ser humano funcionan porque fueron copiadas de la naturaleza, es decir que fueron hechas en semejanza a las que podrían denominarse creaciones preexistentes (los aviones de las aves, la estructura y funcionamiento de una PC de la anatomía humana, etc.). Constantemente se está tomando a la naturaleza como modelo para la creación, por el simple hecho de que esto no es otra cosa que un ejemplo de razonamiento análogo (el más frecuentado en la vida cotidiana de los seres humanos).
Dicho de otro modo, todo se copia de lo que de antemano se garantiza que existe y funciona. Esto último no tiene aplicabilidad (al menos para mí) en aquellas creaciones de base espiritual, como por ejemplo una composición musical.

         La filosofía para este tipo de creaciones parece estar claramente definida por la siguiente frase: "si no sale igual al original, entonces que al menos se le parezca mucho". En mi opinión personal, considero que la idea de crear algo que resulte igual a la naturaleza no será posible en tanto no se logre entender a priori el origen de ésta. Si se lograra revelar cuál fue el origen de la naturaleza podría entenderse por qué ésta es como es y no de otro modo. Para copiar por completo una creación preexistente no basta con tener en cuenta algunos aspectos de ella, sino que es necesario reproducirlos a todos. El incumplimiento de este, llamémosle "protocolo de copia", da como resultado la tan indeseada imperfección en la creación, ya que es como si se pretendiera obtener una clonación a través de una infiel copia del original.

 

         Dentro de la industria humana se encuentra la tecnológica, que en el último siglo ha tenido un fuerte vuelco hacia las telecomunicaciones. Esta rama tan particular como inmensa de la creación humana ha tenido como meta la eliminación de algunas de las barreras que, por naturaleza, la distancia física impone en las relaciones humanas; desde el telégrafo hasta la TV de alta definición, pasando por la telefonía, la fotografía, las grabaciones de sonidos, etc., el principio ha sido siempre el mismo: manipular la información de manera tal que se la pueda transportar, almacenar y recuperar cuando se lo desee. A través de los años se han venido inventando diversos métodos para lograr la materialización de este principio, y lo que generalmente no suele tenerse en cuenta al utilizar estos productos es que en realidad, lo único que se obtiene como resultado es un consentido engaño a los sentidos. De lo contrario, si cada vez que hiciéramos uso de la tecnología nos detuviéramos a analizar la física de su operación para luego contemplar el resultado obtenido como un mero eslabón final del recorrido que hizo la energía, no le encontraríamos sentido alguno a su utilización. Debemos necesariamente permitir el engaño de nuestros sentidos (aunque en realidad nos resulta mayor el esfuerzo por evitarnos el engaño); de otro modo no lograríamos nunca nuestro cometido de recibir la información que queremos.

   La imagen y el audio no son más que manifestaciones de diferentes formas de energía (luminosa y sonora respectivamente). Para la mayoría de nosotros, la verdadera importancia de estos fenómenos es lo que estos provocan en nuestra mente; sensaciones, ideas, pensamientos, estímulos, etc.

 

         Pero lo que en su momento comenzó como una solución para satisfacer una pura necesidad de transmisión de información, tiempo después se convirtió en una herramienta para intentar satisfacer lo que me animo a simplificar en "necesidades del corazón" (y a partir de aquí es donde el título de esta reflexión empieza tener real justificación).

         Las imágenes q vemos en una pantalla, los sonidos que escuchamos salir de un altavoz, no son otra cosa que transformaciones de la energía que antes se había almacenado y transportado, todo mediante métodos que producen como resultado final una estimulación sensorial cada vez mas parecida a las que se perciben en el mundo natural. Esto nos ha llevado a extender la continuidad de relaciones con personas que, por causas naturales ya se habían disuelto. Pero lo malo de esto es que automáticamente tendemos a querer continuar una relación a la cual la naturaleza ya puso fin, basándonos en la estimulación de solo dos de cinco sentidos: el visual y el auditivo (cuya diferencia con lo que se percibe en la vida real es cada vez menor, y por lo tanto nos es cada vez mas fácil creer que realmente estamos oyendo y viendo lo que en verdad quisiéramos).

         Nos acostumbramos a que instantáneamente podemos comunicarnos con la otra persona, mantener una conversación, ver imágenes de su vida diaria, etc., y nos olvidamos que una relación de afecto incluye también los sentidos del olfato, gustativo y del tacto, cada uno en una medida particular dependiendo de cada relación (y así y todo, estos son un número limitado de sentidos de los cuales somos conscientes; quién sabe cuantos otros habrá que desconocemos y que se activan durante una relación de personas físicas). Y ahora yendo específicamente a las relaciones de pareja, es aquí donde se presenta una dicotomía entre lo que nos dicta el corazón y el raciocinio; el primero nos hace sentir que esa persona está siempre con nosotros, porque los sentimientos no tienen dominio en la geografía; pero cuando nos detenemos a analizar la situación, nos damos cuenta que en realidad no estamos teniendo una relación de pareja con esa persona… no podemos vivir de un sentimiento, por intenso que este sea; necesitamos de la parte física de la relación (de no ser esto cierto, los ciber-matrimonios serian aun mas populares que el trafico de pornografía por Internet).

Querer lograr satisfacer una necesidad natural a través de lo antinatural es tanto como pretender nadar contra la corriente. Mientras mas naturales seamos mejor vamos a vivir. Y para decir esto me baso en la realidad; no hay nada que haga tan bien al organismo como respirar aire de espacios naturales, alimentarse de productos que son de la naturaleza; es decir, satisfacer las necesidades y deseos naturales de la manera mas natural posible. Ergo, aceptar que por mas que se logre estimular los sentidos a través de la tecnología, no es lo mismo tener una vida virtual, basada en los ideales, que tener una vida real, basada en la conexión directa con el universo.

         El aprovechamiento de la tecnología será positivo siempre y cuando se sea consciente de que al utilizarla se está siendo antinatural. De este modo, si se toman medidas para contrarrestar al menos un porcentaje de los daños colaterales que este estilo de vida provoca (de manera que se logre mantener un equilibrio con la naturaleza), se podrá entonces vivir con la garantía de que lo que hacemos no se nos volverá nocivo en el futuro, ya que al mismo tiempo que convivimos con lo artificial también lo hacemos con lo que tenemos demostrado que funciona bien; lo natural.

 



Juan Sebastián Pontacq ®   

 

 




Connect to the next generation of MSN Messenger  Get it now!

No hay comentarios.: